lunes, 16 de agosto de 2010

NY: The End


La tele de madrugada es una caca. Os lo aseguro. No emiten nada bueno. Mis respetos a los que padecéis insomnio. Paso de largo de Cuarto Milenio, que luego me da miedo el pasillo; peor las reposiciones o pelis malas, esas sí que dan miedo, y ya ni hablamos de los anuncios porno o las estafas telefónicas disfrazadas de concurso. No tengo libro nuevo para devorar y Acero se me está haciendo pesado...

Pues es verdad que el jetlag de vuelta es peor. Si ya sabía yo que no tenía que volver. Bueno, sí tenía que volver, porque no puedo llevarme todo lo que me llevaría (el secuestro sigue estando muy mal visto, oiga, y a la Lola no la facturo). Pero me ha dado penita, mucha. Casi tanta como cuando me tocó volver de Madrid.

No os voy a engañar, el jueves por la noche no era el aire acondicionado, ni las lentillas lo que me humedecía los ojos. Pero no sé si me estaba dando más pena tener que irme al día siguiente o el hecho de que mi última cena en la Gran Manzana fuera en un Mc Donald’s, concretamente uno de los de Times Square. Sí, ya lo sé, gritad “sacrilegio” y señaladme con el dedo, encended vuestras antorchas y perseguidme como al mismísimo Frankestein. Era muy tarde, volvíamos de Washington y caímos en lo fácil. Un desliz, ¿podréis perdonarme? En mi defensa os diré que el resto de los días comí muy bien y en muy buenos sitios. Y que mi último almuerzo en NY fue en el Oyster Coffee de la Gran Central Station, en la parte pija con los camareros blancos y anglosajones (y la cuenta a cargo de la empresa). Así que probamos el salmón orgánico (es decir, salvaje, nada de piscifactoría), las gambas gigantes (creo que con semejante tamaño debían ser supersónicas, radioactivas o de otro planeta), la sopa de almejas y la cerveza de Long Island.

Pero no dejéis que me vaya por las ramas. Quería contaros que el jueves por la noche no era el aire acondicionado, ni las lentillas lo que me humedecía los ojos. Era el maldito hilo musical del Mc Donald’s, que sonaba a edulcorante de alta graduación. Si es que parecía que en cualquier momento Michael Cera iba a entrar por la puerta, dejando su Yugo fuera, y a disculparse por ser tan tonto y a pedirme que fuésemos a buscar a los Where’s Fluffy (Si no habéis visto Nick & Norah’s infinite playlist, vedla).


Total, que vivir a base de ver “señales” hasta en la etiqueta del champú no se puede, pero a veces uno no puede ignorar sin más esos mensajillos que le llegan. Porque luego en el metro estaba ese chaval cantando “the time of you life”, que no sé de quién es, pero a mí me suena a Green Day y sobre todo a despedida… en definitiva a un enorme y blanco “The End” antes de los créditos. Y el chaval venga a decir eso de “It’s something unpredictable, but in the end is fine. I hope you had the time of your life”. Y yo: “Yes, I had, I had”. Y él seguía: “So take the photographs and still frames in your mind. Hang it on a shelf In good health and good time”…
Y entonces, fundido a negro y créditos. Pero no os pongáis tristes, aún podría llenar 15 días más en NY viendo cosas. Y Alicia volvió una segunda vez, ¿no?

“¿Y en medio?” -preguntaréis- “No nos has contado nada” Pues en medio… mucho de hacer el guiri y de ver lo típico. Y, por suerte, también mucho de callejear y punto. Por Greenwich, por el west y el east village, por el soho, el noho, el nolita o tribeca, que una al final ya no sabe ni dónde está… mucho de perder la mañana en la librería Strand (si os acercáis, en la misma calle no os perdáis el chocolate del calvo, gana por goleada al Godiva del Rockefeller Center); o mucho de frikear en el Forbidden Planet; perder la tarde en Bleecker y Thompson St en las tiendas de discos viejunos; o en Saint Mark, agenciándome mi borsalino made in china but buyed in NY; o muriendo arrollada por las hamburguesas gigantes de Jackson Hole; o reencontrándome con una amiga que hasta ahora no vivía tan lejos y ahora se muda a NY (es así de irónico, decía Alanis); o tomando algo en Joe the art of coffee (imaginaos), o con los modernis guachis del Grey Dog’s; o comiendo sushi preparado ante tus ojos, o en Bedfort St de Brooklyn encontrando, por fin, el vestido perfecto…


En definitiva, fundido a negro, the end y créditos. La película se acabó. Pero como ahora están tan de moda las secuelas, las precuelas y los remakes… pues no da tanta pena, ¿no?


The End

Previously on...
NY 1: sorpresas antes de empezar :)
NY1 (segunda parte): Inútiles y conej@s

lunes, 2 de agosto de 2010

NY1 (segunda parte): Inútiles y conej@s


Vale, no soy rubia y difícilmente me veréis vestida de azul (eeeeeecs), pero estuve siguiendo el conejo con cara de estresado hasta el aeropuerto. Iba señalando su reloj de bolsillo con cara de reproche. Valeeeeeeeee Mr Rabbit, capisco. ¿Qué tal una cazuela y algo de “ajillo”?

Ya facturando nos topamos con una inútil. Seguramente ya lo habréis notado, pero por si acaso no, siento deciros que el mundo está plagado de inútiles y tarde o temprano os encontraréis con alguno y algo importante para vosotros dependerá de él o ella. Oh, disculpad mi crueldad, pero no lo digo con altanería o prepotencia ni creyéndome nada, es que simplemente existen y yo sólo lo estoy constatando al más puro estilo antropológico. Como dicen en el APM: “es que es de ser inútiles”. Y no hay nada mejor que reconocerlo. Yo a veces también lo soy, pero se me pasa.

La inútil se entesta en darme el billete de una pobre chica apellidada Aragónes, a pesar de que tiene mi pasaporte delante de sus narices y está viendo claramente que me llamo Aragón (hija de Arathor, heredera de Isildur… ¡ups!) y que el nombre tampoco coincide.

- Ésta, ¿no? -gira la pantalla para que la vea y señala- La reserva a nombre de Aragonés.

Palidezco de incredulidad.

- No -le señalo mi nombre en la pantalla- ésta, la primera, Violeta Aragón (me ahorro la coletilla de los hijos y los herederos, para no abrumarla con tanta información).

- No, no. Es ésta -vuelve a señalarme a la pobre chica apellidada Aragonés, que si no se anda con cuidado, a este paso no vuela a NY.

La incredulidad sube un grado más. Gritaría “¡¡¡¡Que le coooooooorten la cabeza!!!!”, pero ese no es mi papel hoy.

- No, no, soy ésta -vuelvo a señalar en la pantalla y parece que por fin la convenzo.

Ahora toca hablar de las maletas. Insiste en que debo facturar a pesar de que medí la maleta cuando la compré y de que el fabricante aseguraba en un bonito díptico que cumplía con las exigencias de, incluso, las compañías más pejigueras (es decir, las low cost). Me toca demostrárselo metiéndola en uno de esos cacharros metálicos. Et voilá. La inútil se pica “hay que pesarla”, dice. Valeeeee. 8 kilos de nada.

-Sobrepasa de 2 kilos

- ¿Qué? -vuelve la incredulidad.

- Que excede en 2 kilos del peso permitido – sonrisa triunfal.

- Estás flipando -lo pienso pero no lo digo- Vale, factúrala.
Me rindo. Y mentalmente añado: me he quedado con tu cara, como no llegue a NY, como me la pierdas o me la envíes a Roma, a Pekín o a Pokón “aquí se va a havÉ un follón que no sabe ni Ánde se ha metÍo”.

El vuelo a Zurich se retrasa una hora, pero me da igual porque estoy durmiendo en mi butaca (y porque programé la escala con 4 horas de diferencia. Que ya sabemos que Spain is different y esto de la puntualidad no se usa mucho.
Desde la vez anterior que crucé el charco, los aviones han mejorado mucho. Ahora tienes una pantallita para ti solo y ves las pelis que tú elijes (¡uf! No tendré que soportar a Jlo ni a LiLo) y en el idioma que quieres. Y, además, tienes juegos (¡¡¡tetriiiiiiiiis!!!).

Aterrizamos y los de inmigración son bastante majos. Me preguntan la profesión… Tranquilo sólo escribo sobre embarazos y bebés… no escribo sobre vertidos de petróleo, Watergates, ni nada por el estilo… la verdad es que casi no escribo. Estoy más bien con los brownies (de los que no se comen), los nuevos desarrollos, las cifras…
El taxi nos hace una bonita ruta por el extrarradio. Esto me recuerda a DF. Empiezo a flipar: buzones como los de las pelis, casas como las de las pelis, cochazos como los de las pelis… (sí, enormes coches, ni un solo utilitario). Si se parece a las pelis, es que es NY, ¿no?
Y por fin llegamos al apartamento. ¡Ups! En el Street View, Harlem parecía más “accesible”… pero, oye, que una vivido en el Raval de Barcelona… El taxi para. Una niña vende limonada en la puerta de "mi" edificio (una vez más "¡¡¡como en las pelis!!!"). Los anfitriones son súper majos.

En el jardincito (comunitario), además de una barbacoa hay un enorme conejo. Lo sabía, no podía ser de otro modo.

To be continued…

Previously on...
NY 1: sorpresas antes de empezar :)
Sigue leyendo:
NY: The End

Related Posts with Thumbnails