jueves, 28 de agosto de 2008

El niño piedra (III)

Ani se despertó tarde. El sol entraba por la ventana, escupido por los agujeros y rasguños de la persiana. Una persiana de esas antiguas, de madera que se enrosca, roída por el tiempo y la dejadez, oscurecida por la suciedad. Las cortinas, de una especie de terciopelo granate-ya-no-tan-granate-sino-casi-marrón, no andaban mucho mejor, casi de cartón piedra de tanto humo de cigarrillos y sudor evaporado que habían ido cogiendo con los años; años y años sin ver la lavadora, ni siquiera de lejos.

Ani se despertó tarde, sola y desnuda entre las sábanas descoloridas y amarillentas. Le dolía la cabeza, tenía la cara sudada. El pelo lacio, pajizo y claro estaba aplastado, pegajoso y enganchado a la mejilla de un lado, y despeinado, enredado, encrespado y ahuecado por el otro. Le dolía la cabeza. Demasiado tequila.

Ani se despertó tarde y durante unos segundos le costó reconocer su habitación, a pesar de que era su habitación desde hacía más de tres años. Unos segundos más tardes ya estaba ubicada, pero aún no conseguía acordarse de cómo había empezado la noche anterior, de cómo había seguido ni de cómo había terminado.

Ani se despertó tarde y con su puño derecho cerrado con fuerza. Al abrir la mano lentamente, Ani descubrió en su interior una piedra del tamaño de una mandarina, gris y porosa.
Dos semanas después, Ani volvió a despertarse tarde. Esta vez no tenía ningua piedra escondida en sus puños.

Dos semanas después de haberse despertado tarde y con una piedra encerrada en su puño, Ani seguía esperando una llamada de Rod. Lo que aún no había aprendido Ani, con toda y cada una de las veces que había estado esperando inutilmente las llamadas prometidas de Rod, es que Rod no tenía niguna intención de llamarla.


Dos semanas después de haberse despertado tarde dentro de un puño sudoroso y cerrado con fuerza, Nil el niño-piedra-ya-no-tan-niño seguía cogiendo polvo en una estantería. Aunque el sol NO caía a plomo, pesado, ardiente, abrasante, asfixiante y secante bajo un cielo totalmente despejado, limpio y cegador, aquello no era mucho mejor que el camino desértico, destartalado, polvoriento y resqubrajado en el que Nil había dormitado hasta hace dos semanas. El sopor, el sofoco y el ambiente rancio iban a acabar fundiéndolo.

La oscuridad que solía reinar en la triste habitación con aires de motel de carretera de road movie apaciguaba el ahogamiento producido por el calor; pero el ventilador de palas, que a duras penas se mantenía colgado del techo, lo único que hacía era remover el polvo acumulado, cambiarlo de un lugar a otro. Junto a Ani, hasta el polvo viajaba más que una rolling stone y Nil volvía a cruzar los dedos con fuerza a la espera de otro tarugo que lo llevara a otro lugar.
continuará...

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II , III , IV y V

CITA: Si todo parece estar yendo bien, obviamente has pasado algo por alto. Anónimo.
BSO: Call me, de Blondie.

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viernes, 22 de agosto de 2008

El niño piedra (II)

Hacía tiempo el cassette se había quedado enganchado en el reproductor del coche. Una y otra vez se repetía la misma maldita canción. Como un salmo, como un mantra.

If you want my body and you think Im sexy
Come on sugar let me know
If you really need me just reach out and touch me
Come on honey tell me so…”.

No se podía sacar la cinta, no se podía pulsar el stop o apagar el aparato, no se podía bajar ni subir el volumen, no se podía poner la radio, tampoco se podía avanzar o rebobinar para cambiar, al menos, la maldita canción. Por una extraña razón el “Do You Think I'm Sexy” de Rod Stewart sonaba una y otra vez en un infernal bucle. Parecía la maldición de alguien con un sentido del humor un poco raro. Era encender el coche y la canción sonaba sin alternativa alguna.

A Rodrigo, el dueño y conductor del coche, esta peculiar situación pronto le valió para que en el pueblo todos le acortaran el nombre y se quedara con un Rod. “¡Muy originales, cuanta imaginación!”, pensaba molesto, al principo, y resignado después. También cambió con el tiempo su aceptación del asunto: primero lo detestaba, creía que iba a enloquecer por momentos si volvía a oir esa maldita canción; pero con el tiempo se fue impregnando de la socarronería de la melodía, de la letra y de la pose de Stewart y acabó pensando que no podía haber una mejor banda sonora para alguien tan guay como él.

Se trataba de un coche largo, estilo americano, con muchos años. Todavía no estaba destartalado y podía dar mucha guerra… y vaya si la estaba dando. Aquella tarde, Rod fue al desierto que rodea su pueblo. La tarea que le habían encomendado era sencilla: esperar, entregar el dinero y recoger la mercancía. “Pan chupado, estaba comido”, se dijo entre suspiros de aburrimiento cuando ya llevaba tres horas esperando a los hermanos Do Santos.

Ni una nube en el cielo. Totalmente despejado. Limpio. Cegador. El Sol caía a plomo, pesado, ardiente, abrasante, asfixiante, secante. Rod, el de la radio del coche estropeada, dormitaba estirado en el capó de su coche en medio del camino; desértico, destartalado, polvoriento y resqubrajado camino. Le sudaban hasta las gafas de sol, unas Rayban Way-farer de esas que estaban ahora tan de moda. Este calor lo iba a acabar fundiendo matando.

De un salto, Rod puso los pies en el polvoriento y pedregoso camino y se dirigió al borde del acantilado que había unos metros a lo lejos. Estuvo un buen rato lanzando piedras al vacío y viendo como chocaban contra el suelo, 20 metros más abajo, levantando una leve nube de polvo.

De repente se acordó de Ani. “Menuda taruga”, sonrió entre dientes, “siempre recogiendo piedras para su colección”. “¡Menuda taruga”, repitió, “pero que fácil te lo pone cuando no tienes a nadie mejor…” Rod volvió a sonreir con una mueca de autosuficiencia de esas de alguien que se cree un ganador o muy listo y se guardó la piedra que tenía en la mano en el bolsillo.

Con la mano izquierda todavía en el bolsillo de sus pantalones, Rod vio la polvareda que se levantaba no muy lejos en el camino. Seguramente eran los hermanos Do Santos. “¡Por fín, ya era hora, vaya par de mamonazos ¿a caso piensan que no tengo nada mejor que hacer que estarlos esperando?!".

Nil, ajeno a los hermanos Do Santos, a los negocios de Rod, a las debilidades de Ani y a casi todo se estremeció dentro del bolsillo, todo lo que un niño piedra ya no tan niño se puede llegar a estremecer.

continuará...

CITA: "El bosque es demasiado oscuro y profundo. Tengo promesas que cumplir y mucho que viajar antes de poder dormir, ¿me has oído mariposa? Mucho que viajar antes de poder dormir".

BSO: BABY IT'S YOU, de Smith (pensábais que iba a ser el DO YOU THINK I'M SEXY ¿no? ...)


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miércoles, 13 de agosto de 2008

Retirarse a tiempo y otros lujos por el estilo

"Me gustaría haber nacido en otra época", me suelta el Míster (alias el Nene) y se queda tan ancho.

Yo pensaba que me iba a salir con algo tipo, los locos años 20, la Inglaterra victoriana, la Edad Media o el Imperio Romano... con algún tipo de salida pseudo-romántica de "qué tiempos aquellos".


Pero no, resulta que para el Míster haber nacido en los 60 hubiera sido genial. No tiene nada que ver con hippys, LSD, melenas, flowers, peace o Woodstock. Y es que según el Míster hoy en día ya está todo inventado y en los 60 aún había la posibilidad de inventar algo y jubilarse joven.

No sé qué me sorprende más: el hecho de que piense que ya no queda nada por inventar (precisamente ahora que se inventa más que nunca y cada vez más y más rápido) o el hecho de que piense que inventar algo le solucionaría la vida...

Primero pensé que se había dado algún golpe en la cabeza y que estaba aflorando algún tipo de trauma con el niño de "Aquellos maravillosos años" como protagonista. Luego me acordé que lo más cerca que había estado de una serie tan "moñas" fue la vez en la que se dejó engañar por esa leyenda urbana que afirmaba que el amigo del prota (ese Milhouse de carne y hueso que debió inspirar a Matt Groening) es, ya crecido, Marilyn Manson.

No le voy a dar muchas vueltas, porque seguro que nos estaba tomando el pelo a todos, como la vez en la que jugaba a quedarse con la gente diciendo que quería ir de vacaciones a Haití para conocer a los zombies -su fijación por los zombies y el cineasta George A. Romero ya la contaré otro día.

Será que aún no ha superado la crisis de los 28.

Y hablando de edades mal asumidas...

Si en el andén, esperando el tren, un adolescente te trata de Usted: o te ves muy mayor o el chaval es un pardillo redomao. O las dos cosas a la vez, porque hoy en día por muy mayor que te veas, sólo los adolescentes pardillos tratan de Ud. a alguien, el resto son todos unos KevinJosé de la huerta.

CITA: "CON FRANCO, ESTO NO PASABA"
BSO: "With a little help of my friends" (de Joe Cocker en Woodstoock) o "I want to retire" (de los Kaiser Chiefs).

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lunes, 11 de agosto de 2008

El niño piedra

Ni una nube en el cielo. Totalmente despejado. Limpio. Cegador. El Sol caía a plomo, pesado, ardiente, abrsante, asfixiante, secante. Nil, el niño piedra, dormitaba en medio del camino; desértico, destartalado, polvoriento y resqubrajado camino. A Nil le hubiera gustado poder sudar y así refrigerarse un poco; pero las piedras no sudan. Este calor lo iba a acabar matando fundiendo.



Nil no podía evitar pensar en los "còdols", esas piedras planas y de cantos redondeados que habitan en los ríos y riachuelos. "¡Qué fresquitos esos malditos cabrones, se lo estarán pasando teta!!", pensaba con rabiosa envidia Nil, que intentaba borrar de su mente la imagen del torrente de agua, nieve recién fundia, corriendo por su esplada, redondéndole los cantos con furiosas caricias, refrescándole las ideas. Los conceptos de teta y agua fresquita de río en un mismo pensamiento hacían que Nil, el niño piedra ya no tan niño, se pusiera más duro que una roca. Empezaba a conocer la lascivia a pesar de su edad. Y se le hacía la boca agua guijarros cada vez que se descubría a si mismo pronunciando esas cuatro letras: T, E, T, A. TETA.

Intentaba, también, no pensar en esas piedras de la orilla de la playa. "¡¡Malditas bastardas!!", rugía. "¡¡¡Ni siquiera son piedras!!! La mayoría no son más que trozos de ladrillo, de loza, de baldosa o de cristal pulidos por las embestidas del mar!!" Y volvía a ponerse duro con sólo pensar en la furia de las olas y su espumoso vaivén.

La tarde fue cayendo y la fuerza y dureza del maldito Sol fue menguando. Nil deseaba tener dedos para poderlos cruzar y, así, desear con más fuerza aún -si es que era posible- que pasara algún tarugo por ese olvidado y des-transitado camino de cabras y baches en el que estaba anclado. "Un tarugo de esos que cogen piedras, se las meten en el bolsillo y se las llevan a otro lugar", soñaba Nil, que desconocía los peligros de desear. Porque Nil pensaba que fuera donde fuese que su Tarugo le llevara iba a ser mejor que el recodo olvidado en el que, asqueado, esperaba un día de suerte.

"Las chinas lo tienen más fácil -rechinaba Nil- sólo tienen que meterse en un zapato..."

Nil no deseaba tener piernas, sólo dedos para cruzarlos. A Nil le gustaba ser una rolling stone, no quería piernas para nada. Sólo necesitaba un Tarugo. Ni siquiera necesitaba suerte, ya la tenía toda: "Cuando eres una jodida piedra -pensaba- la suerte tiene que estar contigo por cojones".

"Para tener que ser una jodida piedra, en una vida anterior -se entretenía Nil ahora aficionado al karma y a las creencias reencarnacionistas- debí ser un maldito hijo de puta, me lo debía pasar T-E-T-A". Nil degustó con deleite la palabra entre sus dientes, deletreandóla lentamente, dejando espetar cada T, dejando sonar en el aire cada vocal. Salibando Con la boca llena de guijarros. Le gustaba. "T-E-T-A, T-E-T-A, T-E-T-A", una y otra vez. Y Nil, el niño-ya-no-tan-niño piedra, se volvió a poner duro, más duro que una roca.

¿continuará?
CITA: I believe in karma, what comes around goes around.
BSO: Like a rolling stone, de Bob Dylan.

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II , III , IV y V


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